BESTIARIO (2012-2018) es un proyecto fotográfico de autorretratos mediante el cual construyo máscaras que representan bestias contemporáneas basadas en apelativos utilizados en el lenguaje cotidiano para denigrar a  las mujeres en los que la palabra ofensiva se refiera a un nombre de animal real o de fantasía, ya sea perra, zorra, cerda, víbora, mosca muerta, arpía, etc. La materialidad con que confecciono las máscaras son pieles,  cueros, vísceras y entrañas de animales como: pollo, cerdo, pescado y vacuno; que son utilizadas para consumo alimenticio. Material que posteriormente es cosido, bordado o engrapado y luego fotografiado utilizando mi cuerpo como soporte. Me interesa cuestionar esa particular asociación que  se da en el lenguaje y la cultura latinoamericana donde se vincula mujeres y animales como algo rebajante. Trabajo con materia orgánica post mortem, restos de animales que significan un consumo carnívoro en serie, desapegado del cuidado animal, en la que se ha tornado una criatura despojada de afecto y/o extirpada de su condición natural. 

*En la realización del proyecto Bestiario no se dañó ni maltrató ningún animal vivo, sólo se utilizan residuos y restos orgánicos vendidos para uso comestible en carnicerías y que por lo general no se consumen y son botados a la basura. Son mi modo de construir ofrendas y homenajear estas corporalidades animales que son desechadas. Gabriela Rivera Lucero, 2015.



MATERNIDADES CULPOSAS  (2015-2018) Fotografía y bordados con pelo humano. Serie de autorretratos junto a mis hijas Emilia y Amanda.

Proyecto fotográfico que toma como referente casos de castigos femicidas, en que quienes cometieron el delito no sólo atentaron contra la pareja y/o ex pareja, sino que incluso contra lxs hijxs de ésta, o sus mismos hijxs.

Desde ese punto me interesa destacar la figura de la madre como memoria autobiográfica siendo yo misma madre, y la presencia de la culpa como fruto de la formación patriarcal.

Teniendo como antecedentes los casos recientes de asesinatos de hijos e hijas, y el maltrato infantil por parte de padres o cuidadores, se suele satanizar a la madre y olvidar la figura paterna. Un caso emblemático acaecido el año 2015, es el del niño habitante en la ciudad de Arica, Chile, quien fue alimentado por una perra mientras sufría abandono por parte del padre y se encontraba al cuidado de su madre, quien nulamente le brindaba dedicación. Es así como surge la idea de una madre que además de violentada por su pareja, es violentada por un sistema patriarcal al anular la responsabilidad paterna, y asignarle todos los deberes a la madre y pocos derechos y cuidados.

Cuando algunas mujeres feministas o madres “conscientes” tomamos la decisión de tener hijxs procuramos darles bienestar. Si esto no ocurre aparece el fantasma de la formación patriarcal de la culpa, como el de la mala madre, y se tiende a juzgar: ¿Por qué una mujer que no es capaz de dar “bienestar” a su criatura decide parir? si no es así, ¿será mejor abortar? o, ¿no tenerlo? Busco indagar en estas fisuras, por un lado en el sentimiento de culpabilidad y en otro, por el juicio emitido acerca de “lxs otrxs”; conductas que también hacen parte de una cultura patriarcal.  


En CRÍA CUERVAS  (2014) me retrato junto a mi madre y mi hija, reconstruyendo y revisitando el rito de la costura. Actividad que vi ejecutarla durante toda mi vida. Es mi homenaje  y a la vez un reclamo a las maternidades, sobre todo a la transmisión de determinados valores en la crianza, de índole occidental. Buscando poner en evidencia el mito de la victimización de la madre, esa madre a la que le sacamos los ojos y de la que no agradecemos sus cuidados.

*En la realización del proyecto Cría Cuervas no se dañó ni maltrató ningún animal vivo, sólo se utilizan residuos y restos orgánicos (piel de pollo y pavo) vendidos para uso comestible en carnicerías y que por lo general no se consumen y son botados a la basura. Son mi modo de construir ofrendas y homenajear estas corporalidades animales que son desechadas. Gabriela Rivera Lucero, 2016.


DÉRMICO. Este proyecto se inicia  el año 2008 y el año 2010 vuelvo a retomarlo, consiste en una serie de retratos a personas en situación de calle de la ciudad de Santiago. En ellos me propongo exacerbar la condición de deterioro cútaneo en sus rostros, así como capturar con nitidez detalles dérmicos, con el fin de  dejar abierta interrogantes acerca del obsesivo afán de cuidado dermatológico impuesto por  los cánones de belleza actuales, en los que prima la conservación de la juventud y lozanía facial. Para ello utilizo softwares de retoque digital exagerando los detalles de arrugas, surcos, terminaciones venosas, etc. A modo de crítica de como se suele utilizar mediáticamente las herramientas de retoque, para disimular arrugas, borrar manchas, etc. Acá realizo una operación contraria exacerbando y resaltando las marcas, surcos y pliegues.